Vida marica – David Olvera

0 0


Julio Galán

Por David Olvera

Naces, creces, te das cuenta que eres marica, resuelves, sin siquiera poder nombrarla, que existe la heterosexualidad obligatoria; descubres que cada gesto, cada paso, cada sonrisa, cada mirada tuya es vigilada por tus compañeros, tus maestros, tus primos, tus hermanos, tus papás, esos espías reclutados por el heteropatriarcado que reciben como recompensa la promesa de una heterosexualidad natural, de unos roles inamovibles, de unas relaciones de poder privilegiantes, de una inferioridad innata.

Aprendes a enunciarte en sus términos, a descubrir tu deseo a través de sus conceptos, a sentir culpa por no desear sus instituciones, por no desplegarte como “macho”, por no replegarte como “hembra”, por ser ruidosa, por ser incómodo, por no contenerte, por desbordarte, por cruzar las piernas, por no cerrar el culo, por no coger como hetero, por ocupar sus espacios, por ser visible. Te enfrentas con su deseo de inventarte, de que respondas a su obsesión exacerbada por las formas, a que llames las cosas por su nombre, a que te mires con compasión, a que ames la norma, a que seas valiente.

Sigues creciendo, coges, conoces a Wilde, coges, conoces a Preciado, coges, conoces a Foucault, coges, conoces a Wittig, coges, conoces a Rich, coges, te caga la teoría, coges, te caga la vida, haces alianzas, coges, haces amigxs, coges… Te hartas y descubres que no quieres ser valiente, que no quieres sentir compasión, que no amas la norma, y entonces aprendes a no sentir culpa por no cerrar el culo, por no desear sus instituciones, por no desplegarte como “macho”, por no replegarte como “hembra”, por ser ruidosa, por ser incómodo, por no contenerte, por desbordarte, por no coger como hetero…

You might also like

Pin It on Pinterest

Share This

Share this post with your friends!